Año tras año lo hago yo, es un desafío a mi trastorno de perfección.
Si me dicen que luce bien yo creo que no.
Si me dicen que luce mal me da la introspección.
¿De verdad tengo que hacerlo yo? La caja está arriba, tiene polvo y me da tos.
La escalera es vieja y de madera, y tiene astillas traicioneras.
Y las cajas del resto de elementos están dispersas por todas partes.
Los colores claramente se reparten en un tobogán sin descarte.
¿De verdad tengo que hacerlo yo? La caja está arriba, tiene polvo y me da tos.
Las luces se enredan en un espiral que cuesta desenredar
y poco a poco los focos hay que probar.
Los adornos tienen que calzar y combinar ¡Oh Dios... pensar que luego todo esto se va a desarmar!
¿De verdad tengo que hacerlo yo? La caja está arriba, tiene polvo y me da tos.
La verdad es que año tras año es un desafío a la paciencia,
pero cuando veo las luces alumbrar y la alegría que se presencia,
reconozco que nada es en vano aunque realmente cuesta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario